viernes, 23 de enero de 2009

Mercado Inmobiliario 2009

BISAGRA
El mercado inmobiliario enfrenta un nuevo escenario
2008 terminó siendo definitivamente un año bisagra para la actividad inmobiliaria donde se quebró la tendencia de la evolución creciente y siempre positiva de los indicadores que miden su actividad. En 2009 prevalecerá la selectividad, con una evolución muy diferenciada por segmentos de mercado.



Más allá de la trillada frase que asimila Crisis a oportunidad, derivada del ideograma chino con el cual se identifica por igual a ambas vicisitudes, lo cierto es que una crisis es una situación que impera por un lapso de tiempo dentro del cual se produce un cambio o una ruptura con respecto a lo que venía sucediendo anteriormente. Las reglas y modos de actuar que habían logrado alguna regularidad y dotaban de cierta sensación de estabilidad a las relaciones sociales, económicas o incluso interpersonales, ven amenazada su validez dentro del nuevo contexto y al poco tiempo muchas de esas prácticas anteriores quedan perimidas frente al nuevo escenario.

2008 fue el año en el que estalló en el mundo la crisis. Las esquirlas de la explosión a modo de consecuencias económicas, sociales y políticas repercutirán -y no sólo- en el 2009. Como y cual será su magnitud no puede aún precisarse, pero lo que sí está claro es que el mundo crecerá menos - o nada - y será mucho más austero y desconfiado.

Frente a este nuevo escenario mundial, en la Argentina también se deberá hacer frente a un nuevo período de desaceleración económica, dentro del cual en mayor o menor grado todas las actividades se verán afectadas y deberán replantear sus estrategias de negocios e inversión a la luz de una nueva realidad que se avecina.

El 2008 fue el año en que una buena parte de las verdades irrefutables como la teoría del desacople quedaron en el camino. La actual crisis está evidenciando que el mundo aún se resfría frente al estornudo de USA. La economía argentina lamentablemente también lo padecerá, todavía no está claro a cuanto ascenderá la fiebre, aunque la terapéutica parece pasar, aún con los avances de la ciencia, por los paños fríos que atienden al síntoma y no al fortalecimiento de la salud a lograr para el largo plazo. En este contexto, pensar que el mercado inmobiliario resultará indemne es también apuntar a resolver circunstancialmente la enfermedad ocultándola o bien solo administrando un placebo. La economía definitivamente cambió, se desacelera y es probable que entre en recesión, por lo que habrá menos dinero y por ende habrá menor nivel de actividad inmobiliaria. Pero también resulta ilusorio pensar que la oferta a menos que esté en el quirófano o en terapia intensiva convalide que su salvación pase por rematar a costa de precio su capital colocado en inmuebles. En el medio, el ajuste se sentirá en el sector de la comercialización, con menor oferta, de menor calidad y una demanda más difícil y especuladora.

Por suerte y por desgracia, convicción y necesidad están instaladas en el mercado inmobiliario Argentino. La convicción de seguridad a largo plazo para el inversor minorista y la necesidad ante la falta de soluciones adecuadas de vivienda y logística son dos realidades que conviven afianzadas dentro del perfil del mercado local de propiedades. A la primera, a la convicción, a partir de octubre le apareció un duro competidor, el dólar billete. La necesidad, mientras tanto, seguirá latente esperando créditos reales, seguridad y seriedad en las reglas de juego que permitan proyectar -no sin riesgo- pero sí de manera transparente en el largo plazo y mientras esto no se dé el mercado inmobiliario argentino no podrá despegar definitivamente.

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