lunes, 12 de octubre de 2009

Optimismo En El Mercado Inmobiliario

La actividad inmobiliaria cobra fuerza tras la crisis internacional; se busca posicionar a la Argentina como destino de nuevas inversiones en el sector. Muchos aseguran que lo peor de la crisis internacional ha pasado. El mundo viene de una enfermedad que afectó varios negocios de empresas, y de países y regiones que ahora, superando el ojo de la tormenta, están ante un momento decisivo. Un cambio.
Es entonces hora de comenzar a reposicionar a la Argentina como destino de inversiones inmobiliarias. Entre las maneras de hacerlo está la promoción de exportaciones de servicios vinculados con los negocios inmobiliarios. Esto es lo que comenzaremos a hacer de manera sistemática a partir del próximo Salón del Mercado Inmobiliario, que tendrá lugar en Buenos Aires entre el 27 y 29 del actual en la Rural. Los negocios inmobiliarios en su conjunto y en todas sus manifestaciones reflejan más del 14% del PBI argentino (que supera los 300.000 millones de dólares) en los últimos años. Los negocios del Real Estate han sido el segundo sector en importancia en el país y venían, antes de la crisis, creciendo con una baja dependencia del crédito. Alrededor del 90% de las operaciones de viviendas urbanas se ha efectuado al contado. Además, en general, debe advertirse que la construcción ha llegado a representar el 3% del PBI argentino y ha crecido mucho, porque en 2003 era un 0,2 por ciento.

El sistema legal para la inversión inmobiliaria y de construcción es flexible y poco regulado, lo que presenta al ambiente como favorable. En materia de viviendas, la demanda ha tenido tres grandes tipos de exponentes: los inversores agropecuarios, los ciudadanos particulares de clase media y los inversores extranjeros, que a su vez pueden dividirse en pequeños (que operan en pocas unidades, pero viviendas de alta calidad) y grandes (que son empresas de desarrollo inmobiliario operando en la Argentina, principalmente de España, México, Brasil o Estados Unidos). A estos últimos comenzaremos a dirigir acciones de promoción en acciones sistemáticas, pensando en el escenario posterior al corazón de la crisis. Y pensemos más allá aún.
En los próximos 25 años, la Argentina -que tiene alrededor de 40 millones de habitantes, una enorme superficie de 3.761.000 km2, un PBI per cápita de unos 7000 dólares- tendrá una población que consolidará su localización y más del 50% vivirá en un conglomerado central formado por un eje que une Rosario, Capital Federal y el GBA y La Plata. Esto es, más de la mitad de la población en un 0,7% del territorio. Esto lleva inexorablemente a prever una tarea de construcciones importante. Todo indica que tendremos una industria inmobiliaria que avanzará. Se trata de ver estratégicamente el tiempo que está más allá de las próximas semanas. Debe advertirse, por ejemplo, que en la ciudad de Buenos Aires circulan unos 2 millones de automóviles, que en los trenes que conectan el denominado Gran Buenos Aires y la Capital viajan 1.200.000 personas por día hábil, o que existen hoy 1.500.000 habitantes en el área metropolitana que no cuentan con agua potable, mientras hay 7.500.000 que sí tienen este servicio, y hay, a la vez, 3.500.000 habitantes en esta región que no tienen servicios de cloacas, mientras 5.600.000 habitantes sí cuentan con el mismo. Y que hay un déficit actual de unas 300.000 viviendas en la zona, y que más de 2.000.000 de viviendas actuales son precarias y ubicadas en asentamientos, que deberían ser sustituidos por complejos de mayor calidad. Adicionalmente, el turismo, tras la crisis, traerá inversiones también. El turismo ha llegado a ser en 2008 el cuarto sector en generación de divisas internacionales en la economía del país, siendo los tres primeros el complejo sojero, la industria petrolera y la industria automotriz. Llegó a representar el 7,41% del PBI y generar más de 1.600.000 puestos de trabajo. El transporte, con el 23%, es el principal sector afectado por el turismo, pero luego la hotelería, con el 8%, y los bares y restaurantes, con el 3%, también son sectores impactados. Debe incluirse el turismo de congresos y ferias: en promedio, cada año se realizan en el país unas 300 ferias -inversión de más de 400 millones de dólares- y unos mil congresos.
Más allá de la crisis de este año en el mundo, la proyección indica un promedio de crecimiento previsto para 2008-2012 de hasta un 5% anual. Las obras para esto deben ser previstas. Sin pensar en otros negocios, como los aeropuertos (en 287 ciudades del país hay menos de 40 aeropuertos operando comercialmente, y el 88% de las ciudades carece de aeropuertos, por lo que en los próximos años se deberían construir alrededor de 50) o las rutas y autovías (la Argentina tiene, en relación con su extensión territorial, la mitad de los caminos que Brasil y casi la cuarta parte de España, con una longitud de caminos actual de 230.000 km2, lo que importa 82,91 km de caminos por cada 1000 km2, y 6,36 km por cada 1000 habitantes, mientras circulan por las rutas y los caminos del país unos 6.000.000 de automóviles y 1.500.000 vehículos de carga). Como un modo de promover la exportación de servicios y avizorando que tarde o temprano el apetito regresa después de cada empacho, una serie de propuestas de trabajo se lanzará en el Salón del Mercado Inmobiliario para esta industria. También se promueven exportaciones si se desarrollan negocios para extranjeros que consuman servicios brindados por actores locales en estas actividades. Los servicios, que como explica el profesor español Muñoz Cidad son intangibles, de consumo simultáneo a su producción, producidos para clientes específicos e intensivos en trabajo, marcan una vinculación internacional de empresas argentinas de importancia. Es relevante pensar como Stephen Cohen y John Zysman que los servicios no representan la etapa de especialización siguiente a la industria, sino su complemento. Así, también estaremos trabajando en el crecimiento de estas otras exportaciones. Las que se adaptan a un mundo que muchas veces privilegia el valor y no sólo el costo. Las que ocurren en una economía que exige mayor conocimiento, pero que premia la oportunidad, la visión de futuro, la responsabilidad, la innovación, la capacidad de respuesta y las características singulares de la cultura, la geografía y la localidad.
Por Marcelo Elizondo
Para LA NACION

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