lunes, 20 de mayo de 2013

CEDIN

El blanqueo está lleno de enigmas sin resolver

El blanqueo es un recurso fiscal para uso homeopático, que debe administrarse con gotero. Requiere además condiciones macroeconómicas y políticas que no se observan hoy en la Argentina (credibilidad alta en el Gobierno y en la eficacia de la administración tributaria, estabilidad monetaria, sensación de “última oportunidad”; contexto que lleve al evasor a la convicción que enfrenta un alto riesgo frente al ciclo que se inicia; férreo control de lavado de dinero). Tal vez la última oportunidad que exhibió esta conjunción fue el lanzamiento de la convertibilidad, que tuvo su blanqueo en el 92, en el cual hay expertos que opinan que se colaron los Carteles de Cali y Medellín.
Sus efectos sobre el plano fiscal no compensan el desaliento que producen en el contribuyente regular, que muchas veces tiene conducta tributaria inalterable, por ser sujeto de retención de impuestos en la fuente. Mucho más un blanqueo gratuito.
En la mayor parte de los países en los que se lo ha aplicado en las últimas décadas ha fracasado.
El ejemplo paradigmático es el blanqueo español de 2012, con muy baja recaudación y ácido escrutinio de prensa y ciudadanos desde que se conoció que el ex tesorero del Partido Popular había blanqueado una cifra millonaria en euros depositada en una cuenta suiza.
La excepción es Italia en el 2009-gobierno de Berlusconi- con una recaudación de 8 mil millones de euros y una manifestación de patrimonios que pasaban a engrosar la base de los impuestos futuros de más de 110 mil millones de euros. Era anónimo, o sea un grado más allá del secreto fiscal (que en Argentina es “permeable”). La persona o sociedad que blanqueaba obtenía un CUIT nuevo. Y el único capaz de conectarla con la identificación tributaria anterior era una sección inviolable a influencias externas de la Guardia Finanziaria (la AFIP italiana).
Además, corriendo el plazo de acogimiento el Gobierno dio a conocer un acuerdo reciente y amplio de información financiera con Suiza, lugar predilecto de fuga de capitales italianos. Por último, tras una prórroga del blanqueo, el gobierno italiano bajó el costo del 8 al 5 % y anunció una reforma tributaria con mayores facultades de persecución para la administración.
Nada de esto ocurre aquí, donde la estructura del blanqueo enviado por el PEN reproduce -más allá del bono y el CEDIN y la exclusión defectuosa de lavadores y terroristas en los art. 14, 15 y 16 del proyecto - la del blanqueo del 2009, de baja recaudación, pese a que se acogió a él gran parte de los 8000 denunciados por la LPT.
Aparece sólo cuatro años después de un blanqueo con amnistía penal, carece del marco de una reforma fiscal y se produce cuando la presión fiscal y la efectividad de control son muy elevados.
No hay tampoco detalles concretos de a qué obras e inversiones energéticas está destinado el bono ni elementos esenciales del CEDIN (transmisibilidad, endoso nominativo, gravámenes, adquisición en mercado secundario, mecanismo de devolución y sus recaudos, etc).

Es una ley tributaria en blanco, una anomalía.
Esto daña la confiabilidad al dejar sujetos a reglamentación mutable aspectos esenciales.
La memoria colectiva aún tiene reflejos derivados de planes Bonex, leyes de garantía de depósitos en moneda extranjera incumplidas, frases como “el que depósito dólares recibirá dólares”, etc. y que hay un proyecto de Código Civil que prevé que obligaciones contraídas en dólares se paguen en pesos.

El mecanismo, inscripto en un cepo cambiario riguroso (increíble en un contexto récord de volúmenes y precios internacionales para exportaciones, tasas de interés internacional extraordinariamente bajas y con mínimos vencimientos de deuda) despierta interrogantes sin respuesta.
Argentina tuvo entre 2011 y 2012 un superávit comercial de U$ 23 mil millones. En ese mismo lapso se perdieron U$ 9 mil millones de reservas y tan sólo en los primeros cuatro meses de 2013 se perdieron U$ 3.900 millones más.
Nada más que en el retiro de la minera Vale se perdió una inversión de seis mil millones adicionales. Con esta tendencia y contexto local, ¿es creíble que el Gobierno quiera “movilizar inversiones” en vez de conseguir desesperadamente dólares, sin siquiera alterar las causas que motivan los desequilibrios que están desembocando en la compleja situación actual y futura?
¿No resulta más racional liberar un tipo de cambio financiero que el riesgo de convertir al país en paraíso del lavado de dinero y la evasión fiscal y tener un conflicto con el GAFI, organismo en el cual estamos en la lista gris, sin siquiera haber oído al responsable de la UIF en Comisión?
El que tiene dólares blancos en el exterior y quiere comprar una casa en la Argentina debe ir al mercado oficial y le dan pesos al dólar oficial.
Al evasor le dan un cuasi-dólar que puede valer un 80 o 90% más. ¿No es esto el colmo del absurdo?
Ni hablar de la diferencia de dólar del evasor con la del exportador de una economía regional.
¿Cómo se explica que la década de mayor holgura externa haya terminado con cepo cambiario, represión financiera y déficit fiscal y ahora caída de exportaciones?
¿Cómo es posible que si los recursos tributarios crecieron más de 15% del PIB (inédito), el gasto público lo haya hecho en casi 20 puntos del PIB? Y cuando se analiza el efecto redistributivo de ese gasto los resultados son decepcionantes: cayó el gasto en infraestructura en términos relativos y creció el peso de los subsidios, pero estos se asignan de modos muy inequitativos y no están focalizados en los sectores que los necesitan.
Esperemos que el debate y votación cierre los interrogantes, aunque es dudoso. El blanqueo es una injusta herramienta para conseguir lo que la política fiscal, monetaria y económica pueden evaporar en dos meses.

Fuente: Por Raúl Baglini, para Clarín 20 de Mayo de 2013

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